ShareThis

miércoles, 11 de abril de 2012

Cuando decimos "te amo"




Por la Psic. Adriana Batista


Cuando amo deseo la felicidad del otro, lo respeto y acepto tal cual es. No intento cambiar su esencia, sus aptitudes, habilidades, intereses, su sensibilidad; en suma, su personalidad.
Cuando se forma una pareja, ella piensa: “me agrada, aunque tiene tal o cual defecto, que me molesta, pero ya va a cambiar¨. Pasan los años y ese defecto perdura, afectando la relación. Cuando lo conoció, él presentaba un perfil de personalidad, por ejemplo, introvertido,  poco sociable, con dificultades para demostrar afecto. Luego de algunos años de convivencia esas características, a veces, por avatares de la vida (pérdida de un ser querido, pérdidas económicas, accidentes y otras situaciones dolorosas), no sólo se mantienen sino que se agudizan. La pareja puede tambalear, entrar en crisis. Esta  crisis también puede ocurrir cuando, invadidos por la rutina, dejan de comunicarse, de ser creativos en sus encuentros íntimos, como también de tener proyectos. En este caso es oportuno hacer  terapia de pareja.
Crisis significa cambio. Generalmente tememos los cambios. En este caso la pareja acude a la terapia en un intento de salvar la relación. Se constituye un sistema terapéutico, donde el terapeuta actúa como facilitador de la comunicación, y así comienzan a producirse cambios: aumenta el diálogo, revisan sus acuerdos iniciales, ven sus diferencias de criterio con respecto a su relación, como también sus acuerdos y desacuerdos en cuanto a la crianza de sus hijos. Se dan cuenta cuánto tienen para decirse, en cuántas cosas concuerdan y  en cuántas se complementan. Comprenden que no existe en la pareja el mejor o el peor; son diferentes en algunos aspectos, y afines en otros. Esa afinidad que, junto con la atracción física y los proyectos comunes, un día los unió. Comenzando una nueva travesía de la vida, con la adaptación a la convivencia, por momentos apegándose y otros distanciándose, buscando el equilibrio tan difícil de lograr… Pero al hacerlo fueron creciendo, afrontando distintas situaciones: afectivas, sexuales, económicas. La llegada de los hijos, un nuevo cambio, con alegría, pero con desequilibrio transitorio, con una nueva adaptación. El aprender a ser padres, y el crecer con ellos como padres, como personas y como pareja.
Hoy revisan su contrato, su acuerdo inicial cuando se formó la pareja, donde explícita e implícitamente comenzaron a darle forma a su proyecto de vivir juntos, de compartir la vida. Hoy quieren reconstruir la relación: si las heridas son profundas, sanarlas, y darse la oportunidad de comenzar una historia nueva. Al renacer el diálogo y el reencuentro íntimo, el amor resplandece y el decir “TE AMO” cobra sentido, permitiendo a la pareja salir de la crisis, fortalecidos y demostrándose  a sí mismos y a los hijos, que la pareja es una construcción así como cuando se construye una casa: nunca se termina, siempre hay que acondicionarla para que sea confortable, cálida y bella.


No hay comentarios :

Publicar un comentario