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martes, 16 de agosto de 2011

Recién nacidos: necesidades alimenticias y emocionales



Por Violeta Vázquez (*)


Durante el embarazo es difícil para las madres y más aún para los padres, tomar conciencia de lo que está sucediendo dentro del útero. Entender que hay otro ser humano con nuestra información genética perfectamente combinada nos resulta difícil de pensar y de sentir. Por eso, lo primero que proponemos es pensar en recorrer con el pensamiento el cuerpo de nuestros bebés en la panza, su corazón latir, sus uñas, los dedos, el pelo y también sus sensaciones. ¿Tendrá frío o calor? ¿Qué partes de su cuerpo o del cuerpo de su madre podrá tocar con las manos? ¿Qué olerá? ¿Qué verá? ¿Cómo escuchará? ¿Qué gustos saboreará? ¿Le gustará el movimiento? ¿Cómo será vivir en el agua, acompañado por el sonido rítmico de los latidos de mamá? Pensemos en sus sentimientos, en cómo percibe todo lo que ocurre afuera a través del tono muscular de su madre. Pensemos en cómo se relaciona con la voz y las manos de su papá.

Luego podemos imaginarnos que el bebé puede presentir un próximo viaje hacia el exterior, pero no sabe precisamente en qué consistirá ese viaje. No sabe lo que es la gravedad, ni el frío, ni el absoluto silencio, ni el aire, ni la acción de respirar. No sabe qué cosas se jugará en el acto de nacer, ni cómo se sentirá ese pasaje.
Lo que estamos descubriendo es que el primer momento de la vida extrauterina no sólo es la experiencia fundante, sino que nos constituye como seres humanos y nos marca para siempre. Por esto, nos resulta importante cuidar el reencuentro de mamá-bebé-papá. Es el momento más sagrado para los tres y merecen estar juntos.

¿Qué tiene que ver todo esto con la lactancia? Es que si el mundo del bebé dentro del útero era la contención y la comunicación sostenida con el cuerpo de su madre y considerando la inmadurez con que la especie humana nace, tenemos que aceptar la importancia de seguir esta continuidad corporal que afuera se da cerca del pecho de la madre. La teta le devuelve ese confort de la casita que acaba de dejar. Con la teta hay contacto, sostén, succión, alimento, calor, vinculación, acunamiento, olor a mamá, sonido a mamá, etc. El bebé tiene derecho al cuerpo de su madre, y esa madre para poder ofrecerse al caos de un hijo, necesita del sostén del padre. Por eso es tan importante el rol del varón durante la lactancia.


No se nos cuenta la parte oscura y difícil de tener un bebé, el puerperio es una crisis existencial en la que se nos juegan múltiples vivencias personales y generacionales. Como madres nos solemos sentir agotadas, sin forma, sin tiempo, sin espacio, sin identidad, ultra demandadas, absorbidas, devoradas. Allí es donde la función del varón, para estar disponible y amoroso hacia su mujer, se hace tan importante.

Amamantar puede no ser placentero desde el comienzo. Existen miedos, incomodidades y dificultades propias de este período. Todas las mujeres pueden nutrir a sus hijos y proveerles de los mejores nutrientes mediante la leche que la especie pensó para nosotros. La leche materna es un fluido vivo porque contiene células y anticuerpos únicos de cada madre, adaptados  específicamente para su hijo.


Verse amamantando por primera vez puede resultar muy extraño. Las mujeres solemos estar muy desconectadas con nuestros cuerpos, y sentir su poder quizás sea incómodo o aterrador. Pero hay una memoria celular maravillosa en la naturaleza y el bebé nace sabiendo que tiene que reptar hacia el pecho de su madre, y ahí se sentirá seguro y protegido.

Cuando podemos dimensionar que la lactancia es la continuidad del embarazo y el parto podremos entregarnos con confianza a esta nueva etapa de la vida hecha leche. Serían cuarenta semanas de gestación intrauterina y otras cuarenta de gestación extrauterina. Si un bebé pudo nacer del vientre de su madre sin sustitutos ni úteros tecnológicos o industrializados, por qué creer que nuestra leche no será suficiente, o necesita complementos. La sociedad de consumo nos ha llenado de miedos y culpas con respecto al bien o mal criar de los niños. Cuánto contacto, upa y amor puede estar de más en una persona que acaba de nacer, y en una de seis meses.

Es interminable la cantidad de productos y servicios pensados para separar a los padres de sus hijos. Nos hacen creer que es para educarlos autónomos, nosotros acatamos esas órdenes, "órdenes profesionales", incluso yendo en contra de nuestro deseo e intuición de padres de tener a nuestros hijos cerca. Por lo tanto, no sólo se priva al bebé de la experiencia reparadora de pertenecer al cuerpo de sus padres, sino que se priva a los padres del placer biológico de permanecer cerca de nueve meses acunando a sus hijos.
También es cierto que muchas mujeres no desean amamantar y merecen ser respetadas y acompañadas. Todas las madres debemos escuchar nuestra voz interior y tenemos derecho a que se respeten nuestros tiempos y a tener una red de contención. Tenemos que pensar con quiénes contamos y para qué a la hora de ser madres. Dos padres son poco, pues criar un niño resulta devastador, y a la vez podría enseñarnos a pedir ayuda sin miedo y a tender lazos con otros adultos que serán importantes para la vida de la familia.

(*) Puericultora, Doula y Docente del Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza

formacion@fundacionbsas.org.ar


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