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viernes, 22 de julio de 2011

Matilde Bassi: “mi trabajo es un placer, es parte de mi vida”



Es una de las arquitectas más reconocidas de la ciudad. Es una mujer emprendedora, tenaz y, además, una persona de familia. Es la creadora de La Vidriera de Cordic, la muestra de arquitectura y decoración que colabora con el Consejo de Recuperación del Incapacitado Cardíaco (Cordic), que ayuda a los enfermos del corazón carenciados.

La edición 2011 de LVC ya está en marcha en el edificio de Corrientes 449, un inmueble de 1.500 metros cuadrados que ha sido transformado en el escenario de la megamuestra más importante de la ciudad. A pesar de estar transitando los días más atareados del año, Matilde Bassi se tomó unos minutos para dialogar con nosotras y convertirse, con más argumentos que nunca, en una de nuestras rosarinas destacadas.

¿Qué la llevó a orientarse hacia el estudio de la arquitectura? ¿Tuvo alguna influencia?
Yo calculo que debe haber sido que en mi niñez vivía al lado de la casa de Ángel Guido, el autor del Monumento a la Bandera. Sus hijas nos estimaban mucho a mis hermanos y a mí y nos llevaban a esa casa que tenía una gran cantidad de misterios, de objetos de valor, de cosas fascinantes. De esas primeras imágenes de la infancia creo que me asfixió la arquitectura. En mi familia nadie era arquitecto. Mis padres trabajaban y no tenían ese tipo de relaciones. Las hicimos solamente nosotros a través del contacto con Beatriz Guido y sus hermanos.  

Sabemos que ha formado una familia. ¿En algún momento le resultó complicado compatibilizar el trabajo con su vida personal?  
Yo me casé y estuve 10 años sin tener hijos, de modo que todo ese tiempo se lo dediqué a la carrera y cuando ellos llegaron estaba bastante afianzada y no fue tan difícil. De todas maneras me tomé mi tiempo. Les dediqué media jornada a los chicos y media al trabajo, pero ellos crecieron al lado mío, participando de mis cosas. Jamás fueron incompatibles. Ellos comparten lo que yo hago y se alegran. Es una familia que está bastante metida en el tema.


Actualmente se está llevando a cabo la 21° edición de La Vidriera. A través de todos estos años habrá tenido que enfrentarse con muchísimos contratiempos…
Todos los años digo que “este es el último”. Me cargan, me dicen que soy como Mirtha Legrand. Siempre digo “basta, ya cumplí con mi misión, me di el gusto”. Pero después pienso en CORDIC, que depende mucho de esta muestra. Además, siempre me tientan porque llama algún colega, algún amigo que me dice “-encontré una casa, un edificio… ¿no tenés ganas?”- Y con ese solo hecho ya me tenté. Ya empiezo a prepararlo y es una cosa que verdaderamente me gusta y la disfruto. Después claro…me canso, hay inconvenientes…pero también tantas satisfacciones. Es mitad y mitad. No sé hasta cuándo seguiré con esto…Dios solamente lo sabe.


La Vidriera de Cordic hace un gran aporte al patrimonio histórico cultural de Rosario. ¿Es esa una de las cosas que más la seducen para continuar esta labor año a año?
Yo adoro Rosario y es una ciudad que no cambiaría por nada. Siempre que veo un espacio abandonado pienso que se podría hacer algo. Yo no digo que nosotros restauramos los edificios a nuevo, pero por lo menos ponemos una semillita y despertamos la atención para que la tarea continúe. Los Silos Davis fueron para mí la muestra de esto, la aventura más apasionante que tuve y también mi satisfacción más grande.


¿Cómo comenzó la relación con CORDIC?
Yo iba a Casa FOA en Buenos Aires y me preguntaba cómo podía ser que desde acá teníamos que viajar tantas horas en colectivo para ver lo que hacían allá. Entonces, una institución tenía que ser la beneficiaria para poder redondear el proyecto, y como mi papá había fallecido del corazón,- a pesar de haber tenido todas las posibilidades para ayudarlo-, pensé que como un homenaje a los que no pueden tener satisfechas las necesidades para prolongar sus vidas, para poder vivir a pesar del problema cardíaco se me ocurrió que esa institución tenía que ser CORDIC. En homenaje a mi papá y a varios familiares que también padecen ese problema. En su momento lo hablé con María Angélica Lagos, que era su presidenta y una mujer muy inteligente que entendió perfectamente el proyecto. Ahí comenzó todo.

Si tuviese que ensayar una definición de Ud. misma, ¿qué podría decirnos?
Soy una persona muy tenaz, voluntariosa pero por sobre todo tengo una gran voluntad de hacer, una gran fuerza de voluntad. Yo me propongo algo y hago todo el esfuerzo que puedo y lo consigo. Confío mucho en la ayuda de Dios, me encomiendo para que el Señor me guíe por un buen camino para no cometer errores ni contagiar con mis errores a los demás. Así, confiando, le pongo todo lo que puedo a lo que hago. A veces me paso y el cuerpo me lo reclama, pero a mí la profesión me encanta. Mi trabajo es un placer, es parte de mi vida y lo disfruto. Los inconvenientes se van solucionando, siempre.

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