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miércoles, 15 de junio de 2011

* * I Ching, el oráculo de las mutaciones * *



Muchas veces escuchamos frases alentadoras, de pensamientos nobles, que nos dan calidez en momentos de confusión y estancamiento. Pero rara o muy pocas veces estas palabras nos mueven hacia un camino luminoso, de auto sanación. La salud no es solo del cuerpo, sino también de la mente. Una mente enferma, daña el cuerpo y daña el espíritu.

En la historia de grandes civilizaciones siempre hubo conocimientos que proporcionaron las herramientas que luego derivaron en muchas de las frases que conocemos. Por su parte, los chinos desarrollaron un sistema que permitía encontrar el camino cuando pasaba por momentos de confusión y también proporcionaba las bases fundamentales para acceder a un estado de dicha. Este sistema es conocido popularmente como I Ching, libro oracular que se utiliza a modo de tarot chino. Sin embargo, este es solo un aspecto entre muchos.

Como sistema, el I Ching trabaja con énfasis en el aspecto mental, proporcionando las vías para que el pensamiento sea justo y recto. Las emociones suelen embargar la razón, y el ego mismo proporciona patrones de pensamientos que solo aumentan la tristeza, el odio, la vergüenza, el miedo, los celos, etc. En psicología son conocidas como “pulsiones”. Estas pulsiones son llamadas en el I Ching, el “falso yo”, donde se repite "te doy si me das", "yo te amo, pero vos no me das nada", etc. Siempre bajo un pensamiento de egocentrismo. El “verdadero yo” en el I Ching, es reconocido como la real naturaleza humana, esto es, ser sincero, cariñoso, afectivo, humilde, solidario, etc.

Cuando uno observa a un niño mientras dos adultos discuten, siente ganas de ayudar al más débil, sin importar el porqué. La naturaleza humana se va perdiendo durante el crecimiento, desde la infancia hasta la adultez. El I Ching, nos proporciona la herramienta diaria para retornar a ese estado natural, del verdadero Yo. Cuando alguien logra retornar al verdadero Yo, la auto sanación, la fuerza para superar momentos difíciles, la serenidad para comprender holísticamente un proceso de duelo o de conflicto se hacen presente en el interior y el ego no logra avanzar hasta la destrucción del alma humana.

"Averigua el destino, y no te confundirán la calamidad o la fortuna. Gobierna las funciones mentales, y no estarás alegre o enfadado al azar. Establece las preferencias de manera ordenada, y no codiciarás lo inútil. Sigue la naturaleza real, y tus deseos no serán inmoderados".
Wen Tzu


La mente es un laberinto infinito, cada ser humano es único y a su vez es parte del todo. Porque la naturaleza del universo dual, implica que para que exista el bien, se necesita que exista el mal. Para que exista la unidad, debe existir el todo. Y estos complementos, (que son el Yin y el Yang), establecen el orden natural. Si la mente comprende esto, entonces sabemos que la felicidad esconde infelicidad, al éxito le sigue el fracaso, a la vida le sigue la muerte. El I Ching nos mueve dentro de la dualidad evitando los sobresaltos: cada acción tiene un resultado y esto es inevitable.

La salud mental depende de tomar la conciencia adecuada para la situación. Aristóteles proponía un desafío: “enojarse con la persona adecuada, por el motivo adecuado, en el momento adecuado”. Cuando uno tiene dudas de cómo actuar, el I Ching se convierte en una herramienta fundamental para accionar armoniosamente.

Quienes utilizan el progreso en el mundo exterior para el crecimiento del mundo interior, desarrollan su propia forma de luz, y que esta luz se desarrolle y crezca es nuestro destino último. Se denomina a estos hombres, los Superiores. Quienes evitan o ignoran su destino se sienten continuamente insatisfechos y en conflicto con la vida, a esto se les llama, los inferiores. El I Ching nos proporciona las energías para prender nuestras luces, la conciencia, y evitar que el oscurecimiento del ego, la insatisfacción o el deseo material, abrumen nuestro espíritu doblegando nuestra voluntad y entregándonos a la muerte, sin saber que hemos vivido.

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