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viernes, 14 de septiembre de 2012

Ivonne Rouillon: “Ver salir a estos chicos de la desnutrición significa salvar a la Argentina.”



Por Mariana Boggione

Ivonne Rouillon es fundadora y miembro de la Comisión Directiva de la Fundación Camino, que hace años trabaja en torno a la gran misión de “unir la necesidad de recibir con la voluntad de dar”, y se ha hermanado con CONIN en la lucha contra la desnutrición infantil.

¿Cómo nace la Fundación Camino?
Con un grupo, especialmente una prima y yo, teníamos muchas ganas de hacer el bien, aunque ya participábamos en otras instituciones. Y a la vez teníamos una casa que era de nuestro bisabuelo, Villa Hortensia. Entonces iniciamos un centro cultural con fines solidarios: fiestas, emprendimientos, conciertos de cámara. Logramos inaugurarla en el año 1991 con Hernández Larguía; se hicieron actos y fiestas a beneficio de hospitales, actos culturales, presentaciones de libros… todo con fines solidarios.
Pero teníamos que mantener la casa, que es una joya,  monumento histórico nacional y municipal. Ya éramos un grupo muy bueno que queríamos hacer el bien, y podíamos hacer eventos en Villa Hortensia, en el Colegio de Escribanos, en cualquier lado… Y como ya había muchas instituciones reunidas nos propusimos crear una institución que pudiera ayudar a otros.

Nuestro lema fue “unir la voluntad de dar” – porque hay mucha gente no sabe qué dar, o cómo dar, o da desordenadamente – “con la necesidad de recibir”. De ahí en más comenzamos a hacer uniones estratégicas.

Por ejemplo, hemos viajado a las Naciones Unidas cinco años acreditadas como ONG, por el tema de la defensa de la vida y los derechos de la mujer; hemos viajado a Pekin para el convenio de los derechos de la mujer. Esto nos abrió el panorama de cómo hay que trabajar en redes sociales. Es así que nuestra Fundación es la primera del interior que forma parte del Foro del Sector Social de Buenos Aires.

¿Por qué te comprometiste con la prevención de la desnutrición infantil (CONIN)?
Veíamos otra cosa en la carita de los chicos, aparte de la pobreza. Y un día, después de escuchar a Abel Albino le dije: “eso que vos decís es lo vemos en la mirada de los chicos. Esa tristeza es más que la pobreza”. Porque la pobreza produce el hambre, y el hambre la desnutrición. Pero la desnutrición afecta la estimulación temprana.

Entonces nos fuimos a Mendoza, nos capacitamos, y después Renault nos dio los medios para tener nuestro Centro propio (contra la desnutrición infantil), que está en Alberdi; y ahora abrimos uno en Pérez, y tenemos la posibilidad de abrir un tercero.

En este Centro se da estimulación temprana, pediatría, clases de pre-parto para la mamá embarazada, psicólogos y psiquiatras, tenemos talleres de cocina, entre otros.

Lo más importante es “El Roperito”, que tiene ropa que se cobra, muy barato, pero se cobra para la dignidad de la persona. Y en este espacio se conversa con las personas y se va estimulando, incorporando el lenguaje.

¿Qué fortalezas ves actualmente en la institución?
Una de las mayores fortalezas es la Comisión de Jóvenes que logramos constituir hace unos años.

¿Qué significa en tu vida la Fundación?
En mi vida creo que significa un hijo más. Yo tengo un hijo que ha cooperado conmigo, me ayuda, me entiende, como lo hace también la Comisión de Jóvenes. Somos un equipo. Yo comparo la Fundación con una cadena: si se rompe un eslabón, la cadena se te cae. Por eso cada uno es importante.

Como mujer y pilar de la Fundación ¿qué satisfacciones te brinda unir la necesidad con la voluntad de dar?
Creo que son muchas. Ver al primer chico levantar la cabecita y que ahora sea uno de los mejores alumnos. Ver salir a estos chicos de la desnutrición significa que les salvaste el cerebro y que salvás a la Argentina.

Otro caso fue el de una chica que tenía dos hijos a los que se les tenía que operar, colocándole prótesis ortopédicas. Conseguimos el Teatro El Círculo, y junto a Norita Pozzi organizamos un festival para juntar fondos y conseguimos el dinero para la cirugía.

También hemos trabajado con el Padre Santidrián. Sucedió que le hacían una donación importante y no sabían cómo se pedía un sponsor, entonces les hicimos un folleto y les enseñamos a ir a las empresas a pedir donaciones.

Podría contarte mil historias de este tipo… Esas fueron satisfacciones porque pudiste, aparte de hacerlo vos, ayudar a otras personas.

¿Qué rol cumplen las empresas en el bienestar social y qué grado de concientización existe hoy en día?
Se está concientizando, pero faltaría mayor compromiso. Gracias a Dios ahora está de moda la Responsabilidad Social Empresaria. También existen concursos, como el que ganamos de Kodak y la Operación Canasta. El Rotary nos está ayudando mucho, como también particulares de buen corazón que se hacen socios. Con $250 becan a un chico, lo apadrinan y así lo sacamos de la desnutrición.

¿Cómo participás a tu familia de este proyecto, que implica la vida?
En primer lugar mi familia me dio usufructo gratuito de la casa. También apoyan comprando entradas, donando ropa – tengo una hermana que vende ropa y nos da para El Roperito -, dándonos donaciones desde las empresas. Tengo, por ejemplo, una sobrina que se entusiasma y contagia a todas sus amigas.

¿Qué disfrutás hacer en tus tiempos libres?
Aparte de salir con mis amigas cuando puedo, voy al campo y comparto con mi familia. Me fascina también, cuando recibimos ropa, dividirla, plancharla, cocerla. Leo mucho, me meto en internet porque de ahí se sacan ideas para la fundación y te conectás. También viajo seguido a Buenos Aires, ya que además de ir a los cursos me invitan para traer eventos para acá.

Si tuvieras que elegir una virtud que te caracterice, ¿cuál sería?
El compromiso y la sinceridad.


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