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viernes, 20 de mayo de 2011

Mujeres: Cómo tener una vida plena, sin morir en el intento

Este viernes presentamos una interesante visión sobre la mujer en la actualidad y los diferentes roles que cumple. Esta reflexión, realizada por la Licenciada Gisela Holc, nos obliga a hacer una pausa en nuestras rutinas y  replantearnos si vivimos "lo que nos toca", o elegimos de forma consciente y activa cómo queremos vivir la vida. De la mano de Gisela, te invitamos a realizar este ejercicio para que puedas identificarte y descubrir así, cuál es tu verdadera identidad social.

Lic. Gisela Holc, staff de Hémera 
A lo largo de la historia, el rol de la mujer ha ido modificándose y cambiando de diferentes maneras: influenciada por la guerra, la revolución industrial, las características de la cultura occidental, el acceso a los estudios secundarios y universitarios, el derecho civil al voto, etc. Estos cambios se han producido a tal punto, que si le pidiéramos a una mujer de nuestros tiempos que imagine cómo seria vivir en el 1800 sería una visualización difícil de realizar. Las diferencias no solo radican en el modo de peinarse o vestirse, sino más profundamente en la forma de pensar que trae como consecuencia una forma distinta de desenvolverse tanto a nivel familiar como social y laboral.  


En esta oportunidad quiero hacer una reflexión sobre las diferencias que encontramos en las mujeres de hoy, sus tareas y cómo éstas influyen en su nivel de ansiedad.

Si le preguntamos a una persona: ¿quién sos?, seguramente hará una presentación con su nombre, y a continuación comenzará a contarnos su estado civil, si tiene o no hijos, de qué trabaja, si estudia y otros roles que desempeña, pues la tendencia es definirse por lo que uno hace. Es decir, que una persona suele definirse por la suma de los diferentes roles o funciones que desempeña en su vida.

Hay una fuerte creencia que dice que cuantos más papeles desempeñe alguien en la vida, más sano tanto emocional como físicamente estará. Obviamente, si estos papeles son posibles de llevar a cabo, porque el exceso no es saludable.

Una investigación realizada por la Dra. Peggy Thoist en Princeton dice que una mujer que ejerce hasta 5 roles (ej. madre, esposa, encargada de su casa, trabajadora y jugadora de tenis) funciona mejor que aquella que desempeña 3 (madre, esposa y ama de casa) y aquella que desempeña más de 7 (ej. madre, esposa, ama de casa, trabajadora, deportista y estudiante), se encuentra desbordada o sobrecargada. El objetivo entonces será encontrar un equilibrio y poder intercalar estos roles en el tiempo.

Actualmente, en nuestra sociedad, el rol del ama de casa se encuentra muy desprestigiado por varios motivos: no es remunerado, es repetitivo, ingrato, de poca duración (se hace una cama y se vuelve a desarmar, se prepara la comida en una hora pero comerla lleva 15 minutos). Además la mujer ama de casa suele ser dependiente económicamente (por no tener un ingreso propio) y esto la lleva a tener que consultar o pedir dinero a su marido para realizar alguna compra o tomar alguna decisión.

El trabajo y la profesión pueden generar cansancio físico y hasta mental, pero éste es recompensado con el bienestar emocional que genera sentirse útil, activa y productiva. No obstante ello, muchas mujeres, trabajadoras, profesionales que han apostado a su realización personal-laboral, han postergado mucho la realización en el ámbito afectivo y así suelen encontrarse a los 40 años sin pareja, rodeadas de amigas ya madres o bien encontrarse con pareja pero con dificultades a la hora de enfrentar la búsqueda de un bebé, pues no es el mismo cuerpo ni la misma fertilidad el de los 25-30 años que el de la mujer a los 40. Esta situación suele generar grandes y dolorosas angustias.

Hay mujeres más competitivas, acostumbradas a salir al mundo laboral, que les cuesta más aceptar el tradicional estereotipo femenino y suelen tener dificultades de adaptación cuando tienen que hacerse cargo de su vida matrimonial, de su hogar y hasta de sus hijos. Haberse alejado tanto de la naturaleza femenina identificándose más con atributos clásicos masculinos, también tiene sus costos.

Ambos perfiles de mujeres suelen encontrarse frente al dilema: el rol doméstico de dedicación exclusiva o el integrarse al mundo laboral: muchas veces, este conflicto es vivido con angustia, ambivalencia y como consecuencia de la dificultad en resolverlo suelen aparecer síntomas de ansiedad, tensión, mal humor, etc. La satisfacción personal sirve como protección frente a las presiones o exigencias de las tareas de la casa, pero las exigencias del mundo laboral también se hacen oír. Si los roles que desempeñamos en nuestra vida no nos generan gratificación y alegría por el contrario, nos generan malestar, angustia y preocupación.

Cuando los esfuerzos de adaptación no logran su objetivo, el cuerpo se debilita, la emocionalidad se exalta y uno está más propenso a enfermarse, tanto físicamente como psicológicamente. Para evitar llegar a estos puntos y pensando desde la prevención, sugiero:

  • Generar diferentes tareas o roles que nos permitan movernos entre ellos y no quedar fijas o presas de uno solo.
  • Dar movimiento y variabilidad a nuestros días y semanas, sin caer en el extremo de la hiperactividad. Tener una agenda con diversas actividades nos permite evitar focalizar sólo en una y así poder enriquecernos. Esto ayuda además, a dar mayor sentido a nuestra vida.
  • Cultivar los afectos y vínculos. Son fuente de alegría. 
  • Crear una rutina equilibrada entre las tareas familiares, laborales, sociales y personales.}
  • No olvidarse que para poder ser buena madre-esposa-trabajadora y cuidadora de los suyos, es importante poder cuidar de una misma. 
  • Cuidar de una misma abarca desde hacerse los chequeos médicos, hasta darse tiempo de descansar, tener una buena alimentación, hacer algo de actividad física, encontrarse con amigas, y mimarse.
  • Las charlas catárticas entre mujeres son efectivas, nos tranquilizan y alivian: “mal de muchas, consuelo de mujeres”.
  • Generar espacios de placer y disfrute sin culpas nos hará sentir mejor y nos permitirá rendir más satisfactoriamente en nuestro desempeño como mamá, esposa, etc. 



Algunas conclusiones
Pareciera ser entonces, que existe una relación directa entre las tareas o actividades que realizamos y el sentido que con ellas le damos a nuestra vida. Podría plantear así una regla directa en la cual, a mayor roles mayor sentido. También a mayores roles, más cantidad de vínculos afectivos. Ambos, sentido de la vida y vínculos, son generadores de sensación interna de satisfacción y gratificación personal, lo cual influye directamente en el estado de ánimo, en el registro personal de bienestar/malestar emocional y en la sensación interna de felicidad.

Cuantas más identidades sociales una mujer tenga, más posibilidades de satisfacción y menos de perturbación. Ahora bien: el exceso de identidades con demanda permanente tiende al desborde, estrés, ansiedad. Cada una debe reconocer cuando algo le sucede y aceptarlo. Hacernos cargo, comprometernos con ello, tanto sea para buscar un cambio o bien para adaptarnos a la realidad.

Cómo pensamos la vida: “lo que nos toca vivir” o “elegimos cómo vivir nuestra vida”. Esta diferencia nos cambia de lugar, en la formula “lo que nos toca” somos pasivas y en “lo que elegimos”, somos activas.

Cada elección conlleva una ventaja y una desventaja. No hay mejores o peores formas de vivir la vida, cada una deberá pensar cómo quiere vivir esta época e ir en busca de esa realización. Saber que la vida es dinámica, que alguien puede elegir tal o cual forma de vivir y luego, al cambiar las circunstancias la elección también puede ser reevaluada y modificada. Debemos tener flexibilidad y saber escuchar nuestros sentimientos para ser fieles a ellos.

Más información: Hémera
Centro de estudios del estrés y la ansiedad
E-mail: info@hemera.com.ar 

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